Menos agua, menos tiempo, más de lo que tu cuerpo necesita.
Cocinar no debería ser lo que te saca tiempo de la familia y la naturaleza. Con el instrumento correcto, es lo que te lo devuelve.
Las vitaminas hidrosolubles y los minerales — la C, algunas del grupo B, el potasio — se van con el agua de cocción. No es una teoría: es química básica de la cocina. Menos agua y menos tiempo de hervor significan, lisa y llanamente, más nutrientes en el plato.
El aluminio y el hierro sin recubrir reaccionan con los ácidos de la comida — tomate, cítricos, vinagre — y sueltan partículas metálicas en lo que comés, cambiando el sabor y la calidad del plato. Los antiadherentes, cuando se rayan o se calientan de más, también liberan lo que no debería estar ahí.
Por eso el sistema de cocción que uso en las demostraciones no es un electrodoméstico más: es un instrumento pensado para conservar lo que ya está en tu comida, en vez de sumarle lo que no pediste.
Además del sistema, voy sumando programas de coaching y otras soluciones prácticas para la salud de todos los días.
La mejor forma de entenderlo es en tu propia cocina: una demostración en vivo, sin apuro, donde ves exactamente qué pasa con el agua, el tiempo, los olores, los colores y los sabores.